sábado, 1 de octubre de 2011

Parte I

De pronto, presionada por la urgencia vio que sus horarios debían cambiar una vez más, por lo menos por un tiempo.
"Yo me arreglo" Era lo que siempre se decía sin creer en ninguna de esas tres palabras, pero  logrando su objetivo cada vez.
Empezaba esa misma noche. Como era tarde su madre se ofreció a llevarla hasta la puerta; no era un lindo lugar para andar sola con una reposera y su alma.
El hospital Álvarez ocupa una manzana entera y tiene una sola entrada al público. Mientras bordeaban el muro perimetral pintado con monigotes forzadamente felices, ella se preguntaba qué tan larga sería la noche ahí adentro. Al entrar decidió anunciarse por medio de un mensaje de texto: "Estoy entrando por la guardia". Sabía que tenía que ir hasta el Pabellón 'A', primer piso, sector clínica médica de mujeres, pero este nuevo lugar la hacía desear algo de compañía. Pensaba que la persona que la estaba esperando bajaría para guiarla, pero en cambio recibió una especie de gruñido de la mujer que limpiaba el piso por estar bloqueándole el paso. Indiferente, le pidió indicaciones de cómo llegar hasta su destino y emprendió la marcha. Otro gruñido.
Los cuatro pabellones A, B, C y D estaban esparcidos por el parque interior lleno de rosales en flor. Ella debía atravesar todo este parque para llegar desde el C hasta el A. "Es un lindo hospital" pensó mientras avanzaba, y acto seguido recordó los horribles meses de práctica en el Posadas, lugar que aún hoy le da escalofríos.
Los gatos vagabundos que jugaban entre ellos bajo los focos blancos en los islotes verdes le ofrecían un pequeño espectáculo, una señal de vida en esas callecitas internas tan desiertas. Uno de ellos se sorprendió y huyó al verla demasiado cerca. Siempre intenta comunicarse con los gatos aunque rara vez logren decirle algo más que un miau.
Mientras continuaba agachada observando al gato rubio que había huido escuchó una voz: "Hola, ¿Vos sos Ana?"  Al mirar sobre su hombro vio la figura de una mujer gordita que debía ser Adriana. Se paró de inmediato dejando caer estrepitósamente una bolsa y la reposera. No por el susto, sino porque no pudo evitar avergonzarse, se sentía una nena a la que atrapan distraída haciendo cualquier cosa menos lo que debe. Fue un mal comienzo, pensó.
Sin embargo Adriana no le dio importancia al episodio, la saludó sonriendo y empezó a explicarle enérgicamente los detalles que debía tener en cuenta mientras seguían andando por la callecita que conducía al Pabellón de internación.
- Mi mamá tuvo un ACV, vistes. Ay, pareciera que estuvieran de moda los ACVs. Bueno,  y cuando ya le estaban por dar el alta, la noche anterior, ella se levantó de la cama y se cayó. Se golpeó la cabeza, pobre. Ya deliraba un poco antes, porque ella es paciente psiquiátrica, vistes, pero ahora con esto balbucea y lo poco que se le entiende son incoherencias, porque además quedó con una dificultad en el habla, vistes. Me dijo Daniel que vos estudiabas medicina, ¿No?
-Si, hice el CBC, pero-
-Ah, si si, bueno, ella está atada, vistes, porque se mueve un montón, ahora la vas a ver. Está con suero, con el pañal porque no puede levantarse y con la sonda para el pis, ahora la vas a ver. No te va a dar impresión, ¿No?
-No, no, quedate tranquila que-
-Ay perfecto, si, Dani me dijo que eras divina. ¿Él qué es tuyo? Me dijo que era como tu tío postizo, ¿No?
-Si, es muy amigo de mi mamá.
-Ah, si si, me dijo, qué bueno. Bueno, mirá, es ella.
Adriana señaló la cama 53 mientras entraban ambas a la sala común. En esa cama estaba Nilda, la madre de Adriana, a quien Ana debería cuidar durante la noche.
-Mirá, acá tenés el permiso de visita. Los médicos ya saben que te quedás pero por las dudas que te lo pidan acá lo tenés. En la mesita de luz tenés Coca y Coca light, servite lo que quieras.

Un bufido y una voz ronca salieron de las fauces de la vieja a la vez que se metía una mano en el pañal.
-Tenés que tener cuidado con esto ¿Ves? está intentando arrancarse la sonda, vos no la dejes. Le molesta vistes, por eso es que se la quiere sacar me dijeron los médicos, pero vos no la dejes. ¡Mamá, no te tenés que sacar la sonda te dije! Ay, yo no le tengo paciencia ya. A la noche transpira mucho, por eso está destapada, pero vos tocala y si ves que está fría la tapas con la sabanita -¡Ayh Diossh...!- Bueno mami bueno, ya está, quedate tranquila, sacate la mano de ahí. Ay, estoy tan angustiada... Hace ya tres noches que no duermo. Y yo tengo que descansar porque estoy operada del corazón de hace poco.
-Está bien, Adriana, quedate tranquila, andá ya si querés, yo me arreglo y cualquier cosa acá están los médicos.
-Ay bueno, bueno. Igual no voy a poder dormir nada. Mirá, te dejo el DNI de ella por si llegan a venir a buscarla para hacerle la tomografía. Si vienen vos andá con ella en la ambulancia y me llamás. ¡Ah! acá en la mesita de luz hay Rivotril por si se pone muy inquieta, y los médicos le dan Clonazepam.
-No, pero yo no la puedo medicar, para eso están las enfermeras en todo caso.
-Ah, no, claro, tenés razón. Bueno, es que -¡Quihero... ir al... bhaño!
-No, Nilda, no puede ir al baño usted, para eso tiene el pañal. Quédese tranquila.
-Eso, tampoco la dejes que se arranque la vía del suero. Ayer en un descuido se la arrancó e hizo un enchastre. Todo lleno de sangre, no sabés... Por eso le ataron las muñecas a la cama. Bueno, te pago por la noche de hoy, tomá. Mañana a la mañana va a venir mi viejo y de ahí ya se queda él sabes, esperalo.
-Bueno, igual cuando me esté yendo te aviso.
Una doctora joven le hace señas a Adriana desde afuera de la sala para que salga. Ana forcejea con la vieja para evitar que se lleve nuevamente las manos al pañal. Una vez que dejó de intentarlo Ana la calmó con caricias en la cabeza.
Luego de un rato Adriana vuelve aún más angustiada, el PAMI reprogramó el turno de la tomografía para el día siguiente.
-Ay, no puedo creer que se caguen así en la gente, no puedo creerlo. ¿Y si mi mamá tiene un coágulo? ¿Eh? ¡Va a seguir avanzando! ¿Cómo van a hacerla esperar así? Tendrían que haber venido al mediodía encima, yo no lo puedo creer. Ay, está calmada, ¿Cómo hiciste? Se ve que vos le transmitís tranquilidad. Bueno, durante la noche contame cómo está, sabes.
-¿Por qué no llamás al PAMI? Si no te justificaron la reprogramación del turno deberías hablar con alguien, ella necesita la tomografía.
-Ay, bueno, si, voy a ver si puedo hablar por teléfono. Quedate que ahora vuelvo.

Ana quedó sola y aprovechó para aclimatarse. La sala era alargada y rectangular. Lúgubre como toda sala de hospital, pero ella estaba acostumbrada. Había sido voluntaria en el Argerich por varios meses y su paso por el hospital Posadas, donde hizo sus prácticas de extraccionista, la había curado de espanto. Dejando sus cosas en el piso echó un vistazo a las camas vecinas. Había 16 camas en total, y 11 de ellas estaban ocupadas. Desde la cama de enfrente una señora la observaba. Ana la saludó con una sonrisa, y la vieja la imitó acomodando sus mejillas en una mueca extraña y diciendo "Hola".

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