No es sólo descontento
sino también decepción.
-Las palabras salen del alma.
Vos tenés una. Hacela hablar.
-Pero... ¿Cómo hago hablar a un alma?
¿Con la cabeza? ¿Con el pecho?
¿Con mi propia boca?
¡Intentá, intentá más fuerte! -Me grita algo desde el mismísimo misterio-
-Pero ¿no tengo acaso derecho a seguir con mis asuntos corporales?
¿no era que la vida es arte?
¿Y si dejo que mi alma diga lo que quiera?
El alma fracasa al querer agarrar una taza de té. Se le dijo tantas veces que no existía, o que era tan fría como la piedra que se olvidó que sabe hacer cosas de almas.
-Le pregunté y no...
no quiere hablar de gatos y perros, ni de amor
ni de vos ni de mi.
¿Y entonces?
-Quiere que la mires y te des cuenta vos sola.
-Y ¿en dónde vivís?
-En los mismos mundos que vos.
-¿En mis sueños, por ejemplo?
-Si, principalmente. Son mi escenario favorito. Tengo que ir a escucharte más seguido.
-Qué bueno que estemos hablando, ¿no?
-Sip. Muchos amigos míos no pudieron nunca lograr esto.
-Guau, pero ¿por qué? ¿acaso no es lo más lindo escuchar a tu alma hablar?
- Vos lo dijiste; hablar. No venimos equipados para gritar.
Sentirse libre y pesar
menos que la caída
de un papel
Salir a jugar de la mano
de gatos, ovejas y plantas
Compartirse a uno mismo
con todos o con nadie
Germinar desde adentro
las semillas del presente
despacio
para no morir en el intento
de seguir viviendo.