Cuando despertó con lo soñado aún vívido en su mente volvió a cerrar los ojos, abrazó ese libro, y sintió que abrazaba una vida.
Me acuerdo que soñé que yo era el mismísimo Cortázar después de haber empezado a leer Rayuela. Caminaba por las calles de París, con el frío sobre la espalda y un abrigo largo y pesado. Adelante mio veía una figura femenina esbelta, desgarbada, alta, que por su forma de vestir no parecía haberse percatado del frío que hacía. Se paseaba contenta y despreocupada de una vereda a la otra, esquivando peatones y autos, acariciando gatos y arrancando hojas de los árboles. Era La Maga supongo. Y digo supongo porque para ese entonces no la conocía bien (no había leído mucho sobre ella). Quizás también por esto es que nunca ví su cara, sólo la vi de espaldas.