lunes, 3 de enero de 2011

1 Mississippi 2 Mississippi 3 Mississippi 4

Ese vacío/desasosiego de no poder decir lo que se quiere, de no poder porque de hacerlo varios serían los heridos y callando se los protege (o eso se cree) y a la vez querer vomitarlo todo para deshacerse del malestar, de la puta somatización y demás consecuencias.

Bruxismo. Broncas contenidas, resentimientos que se siguen masticando. Y vaya que se siguen masticando...
A veces sólo basta con identificar la causa para que se deje de joder, otras veces no es tan simple. No pasaría lo mismo si habláramos de enojo: El enojo es una explosión impredecible y sin fuego, es algo caótico, arrasador, que provoca innúmeros destrozos no proporcionales a su duración. Pero una vez disipada la violencia las maderas y escombros empiezan a caer lentamente al piso, todo lo destruido queda a la vista y es fácil ver por dónde se debe empezar a reconstruir.

En cambio la bronca erosiona, desgasta, carcome desde el fondo como un río manso. Esos son los peores. Sacan sedimentos de lo más profundo del lecho para depositarlos al frente de su propia marcha obstaculizándose ridículamente. Meandro. Te desviás hacia el lado contrario donde se ve una pendiente por la que se puede bajar y así llegar más rápido al final de todo, pero más mugre, más meandro, menos salida.
Cada cúmulo de esta mugre va a ser visitado indefectiblemente por cada molécula de agua, sintiendo y re-sintiendo lo mismo cada vez, formando un río espiral, un mamarracho acuoso que se alimenta de su propia mierda.

Cómo se sale de ahí? Fácil. Se deja de ser el río. Se es un rato junco (Sé flexible como el junco y no rígido como el ciprés) o se es un rato pájaro para ver el agua desde más lejos. Y así se va uno desapegando de él y viendo que su agua turbia de a poco va dejando ver su color verdadero, deja ver sus peces y sus algas y toda la vida que alberga en sí mismo y de pronto el bruxismo agarrado con todos sus dientes se disolvió en la corriente.
Y así creo que se vuelve a esperar paciente y expectante por lo que la vida decida resolver. Se vuelve a saber que uno nunca fue el río, sino que estaba ahí metido perturbando(se) el agua por aburrimiento o por algo tan ridículo como empecinarse en querer cambiar su curso.

No hay comentarios: