viernes, 16 de enero de 2015

De pronto mi mente se detuvo por completo.

Ya no había pensamientos, no había voces ni ruido. Dejé de verme a través de los ojos de los demás y por primera vez en esta vida pude Ser.

Fui absolutamente yo misma entre las personas sin tapujos, sin inhibiciones, sin juicios ni cuestionamientos, y me supe profundamente libre.

Descubrí que mi ensimismamiento y egoísmo no son más que la expresión negativa de mi deseo de rendirme, dejar de resistir y dejarme caer en mi propio centro para vivir la Vida desde mi Ser más auténtico.
El juicio hacia los demás no es más que una réplica del juicio constante al que nos sometemos a nosotros mismos.

Alojada en mi centro bailé, hice el ridículo, reí con sonoras y desfachatadas carcajadas hasta ese momento desconocidas, sonreí, abracé, miré a los ojos, besé, amé, fui amada sólo por Ser. Sin más vueltas. Sin más diálogos inútiles y destructivos. Y nada de lo que mi mente temía sucedió. La alucinación se disipó por completo.

Siento dicha infinita de haberme descubierto capaz de experimentar el gozo de Ser. De simplemente existir y saber que soy mucho más que quien creo ser.

Soy merecedora de Ser.
Somos merecedores de Ser.
       

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