martes, 31 de enero de 2012
Podría sentarme acá y esquivar el tema del cual quiero escribir, como casi siempre. Pero no sé si hoy me sale eso. No sé si puedo guardármelo.
Pfff, qué digo. Sí que puedo.
- Hola. Cómo andás?
- Bien, vos?
- Bien.
- Me alegro. Qué vas a llev-
- Bueno no, mirá. En realidad tengo el alma como de agua hoy. Así, voluble... y siento que voy a explotar en mil charquitos de colores si no hago algo pronto.
- ... Ah.
- Pero la realidad es que no puedo hacer nada. Sólo esperar. Y no sé si voy a poder esperar, pero sabemos que eso es lo que hay que hacer; otra no hay. Sabemos él y yo que al final, si es que llegamos al final que es como decir la meta, la llegada, no va a haber lugar para la ansiedad porque va a ser todo presente.
Ahora también es todo presente, pero no es el que queremos. Tenemos los ojos y las manos pegadas al vidrio de adelante, mirando todo el futuro que hay que atravesar para llegar a casa, esperando poder tragarlo de un bocado para que desaparezca.
- ...
- Pero qué se yo che. Dame un kilo de miñoncitos.
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