La cosa es que si contara la rutina de un solo día de su vida por estas fechas, estaría contando los últimos 3 meses de que vivió. "Es entrar al vórtice día tras día" dijo.
Hace una semana que no sabe en qué fecha estamos. Sabe (de casualidad) que hoy es martes, pero lo mismo podría ser un viernes o un domingo y no habría diferencia. Su reloj despertador se desconectó al aspirar la alfombra de su habitación una tarde y así está; ya no hay resplandor verde que la tiente de noche cuando anda en busca de anclajes temporales, ni tampoco puede corroborar sus estimaciones horarias mirando al sol cuando es de día y se despierta.
No tiene otro reloj. Los que andan por la casa no andan bien. No tiene celular (bueno, hoy su madre apareció con uno que compró para regalarle, pero sigue en su cajita, dormido, no piensa usarlo por ahora).
No necesita salir a la calle; su madre provee los víveres y saca a pasear al perro, sus alumnos tocan el timbre a horario, sus amigos no son personas con las que desee hablar, y de ser así, puede encontrarlos en Facebook a cualquier hora (¿qué hora? Todas. Ella esta ahí a toda hora).
No sabe qué hace su novio exactamente, pero debe estar entretenido con asuntos más importantes que ella. Por ejemplo, música, videojuegos u otras chicas. Está segura porque a través de su única ventana al mundo, la red, estas cosas se saben.
¿Pero entonces qué hace? ¿En qué emplea su tiempo libre? pregunta alguien.
Ella responde que hace muchas cosas, que no tiene tiempo libre. Lee partituras de Chopin, por ejemplo. Le parece que hace años que intenta que los trinos del Nocturno Op. 9 Nº 2 no se le enreden en los dedos, pero siempre lo mismo. Es un trabajo arduo, dice. Requiere mucha práctica. Y en realidad no lleva la cuenta, pero hace sólo una semana que empezó a trabajarlo.
También hace dibujos, porque estudia arte. Lo único que sabe dibujar son ojos sin cara. Pero en realidad hace mucho (tiempo) que no agarra un lápiz. Dice que dibuja porque le gusta envolverse, colgarse de ese aire bohemio que siempre quiso tener y que logra diciendo esto.
Y de noche mira cine clásico en canal 7. Le encantan las películas de Bresson y las de Fellini.
Hace poco en un arranque de esos que la despeinan un rato, invitó a salir a una chica y la llevó a ver una de Fritz Lang que estaban reestrenando. En realidad fue la chica quien invitó las entradas y lo que tomaron en el bar después, pero ella lo cuenta diferente. No cree que esa relación prospere de todos modos.
Ella es consciente del círculo en el que se encuentra, lo bautizó círculo de la serpiente, porque le recuerda a la leyenda del círculo de baba del sapo. Se siente como la serpiente del cuento. Sabe que sólo es baba lo que la rodea pero no puede salir, la circularidad le resulta hipnótica. (Es decir, es de esas personas que le temen al éxito tanto com al fracaso.)
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