jueves, 24 de febrero de 2011

Quién te ha visto y quién...

Esta es la historia de alguien que olvidó flexionar la rodilla izquierda al bajar las escaleras (es decir, dio un paso al frente en vez de hacia abajo) y rodó 6 escalones abajo. Supongamos que no se trata de quien les habla. Y supongamos también que es en verdad una historia, puesto que no lo es. 
Ah... En realidad lo que quiero contar es que extraño sentarme acá en esta sillita, pasarme las horas, LAS horas en compañía de la música y los lápices y dejar que mi cerebro vomite; vaciarme de todo en la mesa, el papel o acá mismo para poder ver con claridad qué es lo que me estaba llenando y así reorganizar todo, archivar, estudiar, analizar, clasificar, tirar quizás lo que no sirva (o reciclarlo y hacer un lindo florero) o jugar un poco con ello y seguir la marcha.
Y hablando de jugar, no me olvidé de vos. Estoy terminando algo que empecé hace tiempo. 

No me di cuenta en qué momento exacto me volví una persona de esas que van por el centro caminando a toda velocidad, con expresión tensa y siempre llegando tarde, sin un segundo de más para pararse a escuchar a aquel chico albino que toca tan bien Für Elise en esa guitarra tan rara. 
No sé si considerar un logro o una derrota el hecho de que esté durmiendo tan pocas horas diarias sin sufrirlo. Desde toda la vida y hasta hace no mucho tiempo no podía dormir menos de 10 horas diarias. No miento. Si eran menos, no podía llamarme a mi misma ser humano durante las infelices horas que me restaran del día. 
Sé que en otro momento de mi vida todo esto hubiera hecho que viera amenazada mi libertad y me hubiera hundido fácil e inevitablemente en la tristeza, tan fácil como si tuviera un ancla atada al tobillo. Pero afortunadamente (o no, no me decido todavía) una parte de mi mutó y se adaptó. 
Lo curioso es que aunque no estoy muy segura de la estabilidad de mi forma actual, no extraño mi estadío anterior.
En fin, no sé para qué escribo estas cosas que después me da vergüenza que la gente lea y lo mismo las publico impulsivamente para intentar vencer esa vergüenza. Ahí está, me contesté yo sola. A dormir.



No hay comentarios: